El rol de la credibilidad en cómo conocemos, una introducción a los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS)

Mucho se ha discutido en el último tiempo sobre la idea de la pos-verdad en la era de Donald Trump y otros fenómenos sociopolíticos que algunos llaman populistas. Nos atemoriza profundamente, y de manera justa, la idea de un mundo donde la verdad científica no tenga ninguna autoridad (en temas tan urgentes como el cambio climático, las migraciones masivas, las disparidades de género, etc.). Pero, ¿qué es la verdad científica y cómo se construye? ¿es como parece afirmarse la simple demostración de hechos objetivos? Entender mejor cómo se construye el conocimiento científico quizás nos ayude a dimensionar mejor su rol y su responsabilidad en la sociedad de hoy. En el camino de explorar estas preguntas, desde hace más de medio siglo los estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad CTS ha buscado desarrollar una mirada no esencialista e histórica sobre la práctica y el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Este artículo introduce una de las discusiones iniciales planteadas por los CTS alrededor del conocimiento y la credibilidad, precisamente en la medida en que puede enriquecer la forma en que entendemos el quehacer científico y la construcción del conocimiento.

Los CTS son un campo interdisciplinario que surgió en la década de 1960 en Reino Unido y en Estados Unidos, que busca explicar las prácticas y las organizaciones científicas, junto con el desarrollo y el uso de las tecnologías, con las mismas herramientas con las que las ciencias sociales analizan cualquier otro campo de la sociedad; es decir, buscan entender cómo una diversidad de factores sociales los moldea en todos sus niveles. Se trata de un campo que ha logrado generar una visión de la ciencia y la tecnología basada en el estudio de prácticas contextualizadas, mediante el análisis a profundidad de estudios de caso  en una gran variedad de contextos que van desde laboratorios, siguiendo a los científicos en sus prácticas diarias, hasta en la bolsa de valores en Wall Street analizando las formas culturales que influencian el diseño de modelos financieros.  Aquí me centraré en una de las discusiones inauguradas por los CTS sobre credibilidad y conocimiento, no está de más decir que en esta área, como en muchas otras áreas de la investigación académica, el debate sigue en pie y este es un acercamiento solamente a uno de los puntos de análisis en juego.


 

Los CTS, el Rey Lear y la verdad

El ideal moderno que promulga la auto-evidencia de la verdad, la idea de que “la verdad brilla por su propia luz”, está según el historiador de la ciencia Steven Shapin perfectamente ilustrado en el cuento del Rey Lear y sus tres hijas: Goneril, Regan y Cordelia. Cuando el Rey Lear busca el retiro para dedicarse al ocio y al descanso decide dividir su reino entre sus tres hijas, cada una recibirá un territorio proporcional al tamaño del amor que le demuestren a su Padre. Mientras sus hermanas Goneril y Regan apelan al arte de la elocuencia y la persuasión para demostrar al rey cuánto y cómo lo aman, Cordelia fiel creyente en que la verdad brilla por sus propios medios, solamente le dice lo que ella considera es la verdad, sin ningún adorno. Pero esto no es suficiente para el Rey y Cordelia, a pesar de su autenticidad, sale perdiendo pues aunque tiene de su lado a la verdad, no tiene credibilidad. El rey ofendido porque Cordelia se rehúsa a prodigarle su amor persuasivamente en público decide expulsarla del Reino.


Credibilidad y subdeterminación: ¿qué nos dice el mundo sobre sí mismo?

Para Shapin todos podemos caer en la misma trampa si analizamos a la ciencia y al conocimiento que ella produce de forma idealizada, fuera de los contextos y prácticas donde emerge y donde forma su propia credibilidad. Pues si bien el carácter de las afirmaciones científicas pueden o no corresponder con el carácter de la realidad, del mundo o del ser[1] -es decir, pueden ser entendidos como verdaderos o falsos- ninguno de los dos es autoevidente. “La realidad no se explica a sí misma” y por lo tanto la credibilidad alcanzada tanto por los postulados verdaderos como por los falsos puede ser investigada y problematizada. Este punto que ha sido desarrollado por varios académicos dentro de los CTS, en particular por algunos miembros de la Unidad de Investigación sobre la Ciencia de la Escuela de Edimburgo, como David Bloor y Steven Shapin, se sostiene sobre el principio de la subdeterminación.

Este principio filosófico argumenta que las creencias que sostenemos sobre el mundo en un momento dado, ya sean creencias cotidianas o afirmaciones científicas, están subdeterminadas por la evidencia que tenemos para sostenerlas. En otras palabras, que la experiencia del mundo no viene de la mano con una explicación completa de esa experiencia y menos aún con un conjunto de creencias específicas sobre esa realidad que debemos derivar directamente de ella. En principio siempre hay más de una creencia o de una teoría que pueda explicar la experiencia o los datos que tenemos, ¿cómo y por qué elegir una sobre la otra? Para algunos pensadores debe haber un elemento extra que influencie la forma en que decidimos si adoptar una postura sobre la realidad y no otra, optar por una teoría científica y no otra. La escala y el tipo de impacto que esto tiene sobre la empresa científica es algo que todavía está en discusión y no será mi foco de atención en este artículo, la idea es mostrar brevemente su uso dentro de una línea de investigación de los CTS.

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David Bloor, la credibilidad y el estudio del conocimiento

En términos de los CTS fue David Bloor, un investigador británico formado en psicología, filosofía y matemáticas, quien propuso romper con el encadenamiento entre verdad y credibilidad. Para Bloor y otros miembros de lo que se vendría a conocer como el “Programa Fuerte en la Sociología del conocimiento”, hasta antes de sus propuestas, la sociología del conocimiento se había dedicado únicamente a los factores externos al que hacer científico y a utilizar explicaciones sociológicas únicamente para teorías o creencias erradas. Se investigaba por ejemplo la difusión de la ciencia o su uso en otras esferas sociales, pero se habían dejado casi intocados tanto el mundo de las prácticas cotidianas internas al mundo científico como la construcción misma del conocimiento científico en esas prácticas.

Sin embargo, como hemos dicho para Bloor la verdad y la credibilidad no son equivalentes, la verdad no es autoevidente así como la falsedad tampoco lo es. Por lo mismo, tanto las creencias que consideramos verdaderas en un momento histórico, por ejemplo postulados científicos, como aquellas que consideramos falsas, por ejemplo mitos de creación del mundo antiguo, pueden ser estudiadas y explicadas con un mismo método[2] que problematice la credibilidad que han logrado o no han logrado alcanzar. En sus propias palabras:

“Nuestro postulado de equivalencia propone que todas las creencias están a la par unas con otras respecto a las causas de su credibilidad. Esto no significa que todas las creencias sean igualmente verdaderas o igualmente falsas, sino que por fuera de su verdad o falsedad el hecho de su credibilidad se debe ver como igualmente problemático.” (Barnes and Bloor, 1982)

De esta forma, todas las proposiciones deben ganar su credibilidad, incluidas las proposiciones científicas. Y a su vez, la credibilidad es el resultado de complejas relaciones circunstanciales enlazadas a estructuras sociales, condiciones materiales contingentes y relaciones culturales contextuales que contienen elementos éticos, de tecnologías y métodos disponibles, convenciones grupales, entre muchos otros. Es decir, para Bloor son los factores sociales los que proveen el elemento extra que nos permite elegir entre una postura y no otra.  En pocas palabras, no sólo aquellas afirmaciones que consideramos falsas pueden ser explicadas apelando a elementos sociales, sino también aquellas que consideramos verdaderas pues su veracidad tampoco es autoevidente ni autoexplicativa.

Por lo tanto, los estudios de la credibilidad se convierten en un elemento fundamental en el estudio del conocimiento. La credibilidad es un factor estratégico en la investigación del proceso mediante el cual la creencia de un individuo se convierte en conocimiento para un grupo o es asumido como conocimiento colectivo. Sin credibilidad las creencias individuales jamás pueden volverse parte de lo que conjuntamente como sociedad mantenemos como válido y veraz; por lo tanto, sin credibilidad no hay conocimiento. En este sentido, de vuelta a Shapin, para él la credibilidad no sólo es uno de los temas centrales del estudio de conocimiento sino su tema por excelencia.

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Si el asunto es así, entonces las proposiciones de verdad de los científicos no pueden ser tomadas como distintas respecto al resto de proposiciones de la vida social que deben ganarse su credibilidad. Un ejemplo de esto ocurre en el campo de la Ley. Lo que está en juego en los juicios no es una forma filosófica de verdad trascendental, sino la creación de un contexto de “veracidad” (truthfullness) que permita crear, en el criterio moral y experiencial de la comunidad, un juicio y una sentencia válidas. En este sentido, toda cultura, toda comunidad, toda sociedad, crea los criterios que servirán como base y evaluarán lo que se toma como válido o verdadero (digno de credibilidad) en una circunstancia concreta. Articulada a esto está la noción de que esos criterios que marcan la producción contingente de credibilidad no tienen límites de principio, pueden corresponderse con referencias al pasado o al futuro, apelando al lugar del que se habla, las condiciones de riesgo en juego, el consenso de los expertos, el tipo de métodos usados, las tecnologías involucradas, la medida en la que la proposición se opone o calza con la creencia común, el status del individuo, entre muchas otras. De esta forma los medios a través de los cuales se alcanza la credibilidad son radicalmente diversos y radicalmente contextuales. La pregunta básica para el cientista social sería: ¿credibilidad de qué? Y ¿credibilidad para quién?

Dentro de este marco resulta interesante preguntar cómo es que para muchos individuos modernos, entre ellos científicos sociales, existen entidades tales como los neutrinos solares, los agujeros negros, la transmutación genética y los temblores neurofibrilares que acompañan al Alzheimer, sólo por nombrar algunos. Se trata de proposiciones que no son autoevidentes y por lo tanto requieren credibilidad, autoridad y la construcción de convención. Podemos preguntarnos ¿cómo se ha conseguido esa credibilidad? Y seguir las prácticas, a los actores y a las fuerzas humanas y no humanas que lo han moldeado.

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La metonimia: entre lo local y lo universal

Hay un elemento más que juega un papel central aquí: la metonimia. Metonimia se refiere a la capacidad de una proposición, un objeto o un estado de cosas en el mundo de representar algo más.

De la forma más simple, cuando yo afirmo que ‘vivo en una casa amarilla’ ese testimonio guarda una relación metonímica con el estado de las cosas en el mundo: es decir, que vivo efectivamente en una casa de color amarillo. Por lo tanto, los testimonios sobre un estado de cosas en el mundo guardan una relación metonímica con ese estado de cosas. La cuestión es que la validez de las relaciones metonímicas con el mundo no siempre pueden ser experimentadas directamente. De este modo, si alguien da un testimonio sobre cierto estado de las cosas en el mundo y yo no tengo manera de comprobar su veracidad, ¿cómo doy legitimidad a ese testimonio? La posibilidad de conocer una diversidad de elementos del mundo es creer en la validez de esas relaciones metonímicas, resolver prácticamente el problema de la credibilidad creyendo en la legitimidad de esa relación. Es decir, credibilidad en la relación de representación que se nos presenta.

Ahora, esto es particularmente importante en los casos que involucran extender, generalizar o movilizar conocimientos, por fuera del contexto y tiempo específicos en que fueron generados.

Por ejemplo, en palabras de Shapin, cuando Blaise Pascal en 1638 envió a su cuñado a la cima de una colina en la región central de Francia con un barómetro en la mano, para comprobar una teoría suya sobre la existencia del vacío en la naturaleza que refutaría la creencia sostenida por siglos de que el vacío era imposible en la naturaleza, y el barómetro registró una caída de tres puntos en el mercurio que contenía, esta relación debía representar el peso del aire.

Pero ¿cómo pasar del experimento de un individuo en una región específica del mundo y bajo circusntancias particulares, a una generalización sobre el peso del aire? Para que esa relación metonímica se considerará adecuada, tres otras debían suponerse también: que el comportamiento del mercurio en la botella representaba el comportamiento de la atmósfera en esa región de Francia, que lo que sucedía en esa altura vertical en ese punto del mundo representaba lo que sucedería a otras alturas en otros lugares y finalmente que otros barómetros construidos eficientemente experimentarán el mismo fenómeno de ese barómetro en otros lugares del mundo y en distintos tiempos.

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Es la capacidad metonímica la que dota a los casos de su capacidad de sustraerse de la especificidad del contexto y el tiempo local y dar cuenta de características globales o no-locales como la atmósfera y el carácter mecánico del universo. De esta forma aquellas circunstancias controladas a las que los científicos tienen acceso son tomadas como representaciones de circunstancias sobre las que todavía no tienen control o no podrían tenerlo -como la atmósfera o el universo-.

Es en este contexto es que el testing tiene sentido, por ejemplo en la industria farmacéutica. Las pruebas realizadas sobre individuos en lugares específicos del mundo, ya sean estos animales humanos o no humanos y las posibles reacciones que tendrían a los medicamentos, deben ser tomadas como representaciones fieles de un grupo mucho más grande de individuos con sus propias particularidades. Las pruebas en laboratorio asimismo deben suponer que el efecto se mantendrá en el tiempo y aplicado en otras coordenadas espaciales. Los intereses políticos y económicos son enormes y por lo tanto la credibilidad está en juego en cada etapa de esos procesos desde el laboratorio, hasta la clínica y los ministerios de salud pública. En gran medida la industria farmacéutica y la de los maquillajes están asentadas sobre este tipo de metonimia y credibilidad.


La presencia de los factores sociales en los campos científicos

Para Shapin no hay necesidad que los factores económicos o políticos intervengan directamente en los procesos científicos o médicos. Cada hallazgo, cada prueba está abierta a la interpretación y, desde mucho antes de empezar los análisis, los científicos conocen el panorama político en que se mueven y las posibles dificultades de alcanzar credibilidad para resultados polémicos. En muchos casos en torno a ciertos resultados los científicos pueden escoger de una gama de aserciones que realizar, aserciones que cruzan dos paralelas; la primera es la plausibilidad de su credibilidad, y la segunda el nivel de alcance y de interés que pueden acumular. Por ejemplo: en el problema del neutrino solar estudiado por Trevor Pinch los científicos podían interpretar de los resultados obtenidos en un experimento tres proposiciones diferentes, todas sustentadas en la evidencia. La primera con alta credibilidad, pero con casi nulo interés era afirmar que vieron “manchas” en un gráfico, la segunda con mayor probabilidad de ser negada y mayor interés: que vieron átomos de cierto tipo en el fluido, y la tercera con un nivel de credibilidad riesgoso y un altísimo interés: que vieron neutrinos solares.

Los criterios de credibilidad están fuertemente constreñidos por el lugar, el entorno, el contexto social y político en el que emergen, y el tipo de objetos o conceptos con los que trata. Para el sociólogo polaco Zygmunt Bauman el mundo moderno está poblado de objetos y conceptos sobre los cuales solo un pequeño grupo de ultra especialistas tiene acceso; más allá, sólo ese pequeño grupo posee voz autoritativa para hablar de ellos, establecer su credibilidad y conoce los parámetros que se han acordado para definirla. Muchos elementos de la astronomía, la física, la microbiología, etc., sólo aparecen en situaciones especiales, con herramientas y espacios acondicionados para ello. Estos objetos son llamados “objetos autorizados” y pueblan nuestro mundo cotidiano, sin hacernos pensar mucho en cómo damos cuenta de su existencia y la credibilidad que los rodea. En la modernidad las relaciones internas a los grupos de expertos, las relaciones entre grupos de expertos y las relaciones entre los expertos y el público son clave también en cómo se establece la credibilidad. Estas relaciones rara vez son transparentes.

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Finalmente, cuando nos referimos a la “ciencia” en el discurso privado o en las entidades públicas no hablamos de un campo de la sociedad homogéneo que posee un método unificado sino de una serie de campos de construcción de conocimiento, altamente diferenciados cuyas dinámicas difícilmente pueden ser colapsadas a un elemento común. Si nuestra intención es apelar a su autoridad o tomarla como el referente básico para alcanzar progreso social quizás no deberíamos hablar de la ciencia en abstracto sino referirnos a las formas específicas en que cada una funciona, las prácticas corporizadas que involucran, los instrumentos enlazados a ellas y cuáles son los criterios que confieren credibilidad y autoridad en cada una de ellas. Entonces quizás podamos empezar a sentar las bases para una visión del conocimiento, de su formación y su aplicación menos purista, y más ajustada a las contingentes realidades humanas cuya complejidad no deja de sorprendernos.

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[1] Lo que se conoce como el problema metafísico de la correspondencia

[2] Este es el principio de simetría que propone en el Programa Fuerte de la Escuela de Edimburgo


Fuentes:

Bloor, David. Knowledge and Social Imagery (Routledge, 1976).

  1. Barnes and D. Bloor, “Relativism, Rationalism and the Sociology of Knowledge”, 1982.

Shapin, Steven. 1995. Cordelia’s love: Credibility and the Social Studies of Science. Perspectives on Science 3(3): 255-275.


Fuentes para continuar leyendo:

http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/coediciones/20130912123509/LaCienciaySusLimites.pdf

http://science.sciencemag.org/content/322/5905/1189.full?sid=4b78b872-b108-4f57-b9e6-3fa578dd24fd

https://books.google.co.uk/books?id=OgZ9AgAAQBAJ&pg=PA138&lpg=PA138&dq=metonymy+science+shapin&source=bl&ots=oDgCgHFXfH&sig=bqI-N7pBWeB7-XnCs3OkY-rmHKQ&hl=en&sa=X&ved=0ahUKEwjlxP_0r6TVAhVEbBoKHdwSCEgQ6AEIQjAG#v=onepage&q=metonymy%20science%20shapin&f=false

http://scholar.harvard.edu/files/shapin/files/shapin-cordelias_love_1995.pdf

https://plato.stanford.edu/entries/scientific-underdetermination/#ChaSciRatLauRes

http://praxis.univalle.edu.co/index.php/praxis/article/view/3489/5311#nu6


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