¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?

Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar

¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero

c2ttrhyveaazk0u-jpg-large

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática

c2ua0jnucaaa6vq-jpg-large

Texto: Pedro Lemebel, extractos de Manifiesto

Imágenes: extractos de la #Womensmarch

img_20170126_181115145

En noviembre del año pasado, la Universidad de Warwick invitó a la pensadora feminista norteamericana Drucilla Cornell y a su joven discípulo, Stephen Seely,  a dar unas clases magistrales sobre su nuevo libro The Spirit of Revolution (El espíritu de la Revolución). En el libro, los autores defienden la fuerza del feminismo en la búsqueda de una nueva ética para el estar juntos basada en la diferencia que hace a dos personas únicas y posibilita su relación desde esas respectivas diferencias. La idea general es que sólo a través de la imaginación, creación y mantenimiento de esa diferencia se vuelve posible otra forma de estar juntos en el mundo, o dicho de otro modo, se vuelve posible una profunda transformación erótica.

irigaray20131-1349775530
Luce Irigaray

Por esos días además, la filósofa francesa Luce Irigaray dio una conferencia en la universidad sobre el mismo tema: la necesidad de pensar y crear una nueva forma de estar juntos. En medio de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y los debates que se despertaron en torno a la violencia de nuestra época en diferentes esferas, las ideas de estas dos grandes pensadoras feministas, y del brillante Stephen Seely, resultaron oportunas e iluminadoras para entender varias de las contribuciónes del feminismo al mundo del pensamiento y a las formas diversas de hacer política. Sobre todo, enfocándose en la importancia de tomar en cuenta y repensar esferas de la vida que normalmente no aparecen como políticas pero que reproducen la dominación y explotación tanto de seres humanos como de la naturaleza. Aquí algunas de las ideas que compartieron durante su visita a Warwick:

El espíritu de la revolución

¿Por qué hablar de un espíritu de la revolución y más aún, por qué hablar siquiera de revolución?

Aunque la relación entre feminismo y lucha política activa es para muchos inseparable, los autores cuentan que las vanguardias académicas en el campo de los estudios de género miran más bien con escepticismo y sospecha las temáticas de sus reflexiones, ¿no está el tema de la revolución y la transformación erótica desfasado unas cuantas décadas? Explican que muchas veces las vanguardias de los estudios de género y teorías queer asumen las luchas históricas del feminismo (de las llamadas primera y segunda ola) como luchas que ya han sido superadas o discusiones que no corresponden con el momento actual. Cornell y Seely van a desafiar estas ideas.

img_20170122_233235
“Si yo creyera que es por mi inteligencia que estoy aquí y que las mujeres que no están son menos inteligentes, estaría justificando y naturalizando la exclusión histórica de las mujeres, estaría justificando la inequidad y desconociendo además que la oportunidad de estar aquí la abrieron todas y cada una de las mujeres que vinieron antes de mí”

Partiendo del feminismo como una postura ética, su compromiso con los legados de otras pensadoras es, en palabras de Cornell, “una suerte de solidaridad y amistad intra-generacional”. Cornell defiende que antes de ser académica es comunista activista y que desde esa postura no puede pasar por alto que mientras ella está en su posición académica privilegiada hay muchas mujeres ahora mismo, y también antes y después de ella, que no han tenido o tendrán acceso a ese lugar, por lo que su responsabilidad, dice Cornell, es con todas ellas.

Además, para ella, desconocer la importancia del feminismo como discusión política no sólo implica desconocer el legado de las generaciones pasadas sino también las luchas presentes en otras partes del mundo donde el feminismo sigue articulado al activismo político de forma importante. Su reflexión toma así impulso de estos dos lugares, tanto de los legados históricos del pensamiento en torno a una transformación erótica, como de las luchas presentes e históricas del llamado sur-global.

En el terreno de la lucha política, Cornell y Seely argumentan, la izquierda ha cometido el error sistemático de excluir de su horizonte ideológico al legado de las luchas feministas que insisten en la importancia de la transformación erótica, es decir, en la importancia de transformar nuestra forma de estar juntos en el mundo. Más aún, esto significa que ha excluido también la posibilidad de re-prensarse y re-imaginarse, de buscar nuevas formas de luchar juntos. En este sentido, preguntan si acaso los casos como los del Brexit y Trump no se deben también a un fracaso político de la izquierda en dar respuesta a las diferentes crisis en el mundo, si acaso las preguntas de la izquierda tradicional ya no responden a la complejidad del mundo en el que vivimos. El libro apuesta entonces frente a ese contexto tanto académico como político por rescatar los legados del pensamiento y la lucha feminista que abren la posibilidad de re-construir y re-imaginar otro mundo cuestionando la relación personal más básica, la relación entre dos.

 

Los legados de la lucha por una transformación erótica

Los autores hacen un recorrido exhaustivo por varios pensadores con quienes van rescatando la fuerza tanto teórica como política de pensar una transformación erótica, voy a presentar aquí sólo algunos de ellos hasta llegar a la conexión con Irigaray, en cuyas ideas profundizaré más a partir de su charla.

El libro empieza con la discusión de dos autoras clásicas precursoras del feminismo, Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges. Rescatan de estas autoras el cuestionamiento fundamental a la idea de que la política -en Occidente- se refiera únicamente a aquello que pertenece al espacio de lo público, quedando así lo privado fuera de su ámbito de acción; y quedando por ende fuera en gran medida, las mujeres y varios de sus asuntos cotidianos, ya que históricamente se les había confiado a ellas la reproducción del ámbito privado del hogar y la familia. Wollstonecraft y de Gouges cuestionan así la exclusión de la mujer de la política pero también y fundamentalmente la exclusión del ámbito privado o doméstico de los asuntos políticos.

Dicho de otro modo, Wollstonecraft y de Gouges politizan la esfera privada, cuestionan ese orden que se reproduce sin ser discutido y que las obliga a permanecer fuera de las esferas políticas y tomar decisiones libres sobre sus vidas. Son de las primeras pensadoras que hacen así política de lo personal, cuestionando lo que pasa dentro del ámbito privado y las estructuras que la división sexual del trabajo reproduce. Transformando lo erótico (la forma de estar juntos, de dividir roles, tareas y poderes) en una pregunta ética profunda que en adelante ningún cambio revolucionario debería poder pasar por alto. Esta pregunta por la diferencia sexual que da forma a las relaciones sociales –y que va más allá de la cuestión económica de repartición de recursos – introduce, para Cornell y Seely, un giro en la forma de pensar un nuevo ser humano.

Y aunque la idea de un nuevo ser humano que surja de una transformación erótica se materializaría muchos años después en el espíritu de las luchas del emblemático  Mayo del 68 y sus reivindicaciones de ‘libertad sexual’ y ‘amor libre’, ciertamente la distancia que nos separa del hombre nuevo es todavía extensa. Por un lado, se sigue peleando por la libertad pero también, por el otro, las ideas de ‘amor libre’ y ‘libertad sexual’ del mayo francés se volvieron funcionales a la sociedad de consumo (vean por ejemplo la idea de amor líquido de Zygmunt Bauman). ¿Cómo entonces entender una transformación erótica revolucionaria después de mayo del 68?

35f30060-5864-47c0-a09f-ddd5859c46d7-3963-00000671d393bed6_tmp
“Mis brazos están cansados de alzar este cartel desde los años 60s”

Seely y Cornell empiezan presentando a Alexandra Kollontai. Esta pensadora soviética argumenta que sin una liberación de las condiciones materiales que oprimen a la mujer, el discurso del amor libre es vacío y funcional a una sociedad mercantil. Kollontai imagina un orden en el que la familia burguesa es reemplazada por una gran familia de los trabajadores donde hombres y mujeres serán, antes que nada, camaradas y la mujer será liberada de su rol servil. Sólo una forma de organización tal, sugiere Kollontai, podría darle a la humanidad el goce del que una sociedad mercantil priva. La lucha revolucionaria tiene que buscar para ella no sólo una forma de liberar a los individuos y sus deseos sino una nueva forma de estar juntos (1).

131556_alexandra_kollontai

Pero además de las condiciones materiales hay otras determinantes del rol de la mujer, no es únicamente una cuestión económica lo que da forma a su rol en la sociedad. Shulamith Firestone se pregunta además por las raíces biológicas de la opresión. No es sólo la familia nuclear burguesa sino también y antes incluso, la familia biológica, la que demanda a la mujer estar al servicio de la reproducción de la especie humana. Firestone habla ya en ese entonces de la necesidad de una liberación tecnológica. La idea principal es que la reproducción es una tarea que debe ser colectiva y que nadie debería ser obligado a vivir su sexualidad sólo con fines reproductivos. Firestone repudia además el nuevo orden tras mayo del 68 donde desde su perspectiva los intelectuales revolucionarios utilizaban el cuerpo de las mujeres para su placer, y las mujeres que dentro de esos círculos no cumplían sus parámetros de ‘liberación’ eran etiquetadas como conservadoras, perdían así para ella el poco espacio que les quedaba de decisión sobre sus propios cuerpos, su deseo y su sexualidad. Firestone argumenta que para pensar una posibilidad distinta es necesario regresar a una pregunta por el amor, no se trata de una liberación de la mujer simplemente sino de cambiar la relación que instrumentaliza y no permite el despliegue del amor.

shulamith_firestone_101812_620px
Shulamith Firestone

El amor pasa de este modo a ocupar un lugar central en la reflexión de Seely y Cornell e introducen aquí a Audre Lorde. Para Lorde la lucha feminista no puede dejar de lado la pregunta por el amor, lo erótico y el goce porque es desde ahí desde donde es posible repensar el cuerpo de la mujer y más allá, empoderar esos cuerpos. Visto de otro modo, tal empoderamiento no es posible dentro de un orden que lo instrumentaliza y lo reduce a ser objeto de deseo y procreación. El amor, dice Lorde, puede transformar nuestra relación con nuestro cuerpo, tal como el disfrute en el baile u en otra actividad lúdica puede hacerlo. Esta experiencia del goce que encontramos en esas actividades lúdicas nos lleva además a demandar más de eso mismo en la vida, a no conformarnos con relaciones que no puedan expandirse creativamente. El goce nos lleva a exigir constantemente más del mundo y de nosotros mismos. La lucha política, defiende Lorde, no puede renunciar al ideal básico de buscar colectivamente nuevas formas de estar juntos, de experimentar otras formas de construir –y luchar- juntos. La política entonces ya no sólo toca el ámbito de lo privado como tema de reivindicación (como en el caso de Wollstonecarft y de Gouges), sino que el cuerpo mismo con discusiones como las de Firestone y la experiencia del cuerpo después con Lorde, pasan a ser políticos. De algún modo, el espacio de lo privado se va entendiendo y explorando de formas más complejas y por ende se va reforzando también la importancia de pensar la construcción del mundo que desde ahí se juega.

zp_audrey-lorde-poster-copyright-artist-beeswax-goatskull

La inclusión del cuerpo en la discusión política introduce además una serie de críticas al psicoanálisis cuya autoridad sobre cómo entendemos el deseo y lo erótico no había sido muy cuestionada hasta entonces. La crítica al psicoanálisis y la pregunta por el deseo es fundamental para Seely y Cornell, en esta pregunta fundamentarán su idea de reivindicar la diferencia que hace posible una relación humana diferente. Para tratar la pregunta por el deseo recurren en primer lugar a Gilles Deleuze y Felix Guattari, y más adelante a Luce Irigaray.

Deleuze y Guattari proponen la posibilidad de  reconstruir la diferencia sexual de forma creativa, esto es, por fuera de las limitaciones y los imperativos de la construcción del cuerpo de la mujer bajo el mandato patriarcal. De manera más precisa, por fuera de los mitos fundantes del psicoanálisis donde el hombre es el sujeto de deseo que desea el cuerpo de la mujer y por tanto, quien construye el cuerpo de la mujer como objeto de su deseo.

Parte de esta crítica al psicoanálisis se ve reforzada más adelante cuando Cornell y Seely presentan a una de las autoras más interesantes a las que hacen referencia en el libro, Sylvia Wynter. Wynter argumenta que los mitos fundantes de las civilizaciones son muy importantes no sólo porque la civilización se construye a su imagen sino también porque regresamos siempre a ellos de forma fatal, como un destino. Así, los mitos del psicoanálisis reproducen formas de nuestra civilización a las que siempre estamos regresando como si fueran necesarias e inexorables. Reconstruir la diferencia sexual sería pues romper con la fatalidad de ese mito del hombre como sujeto de deseo y la mujer como su objeto.

Por su parte, Irigaray también aboga por la posibilidad de reconstruir los cuerpos sexualmente diferenciados más allá del falocentrismo, de la dominación y opresión de la mujer y el cuerpo femenino. Dándole así al deseo la fuerza de conectarnos y reinventarnos. Para ella, es la relación la que debe ser transformada y para que exista una relación en primer lugar tiene que haber un espacio que separe a –por lo menos- dos personas; ese espacio, esa distancia entre dos, es la que posibilita la relación, es la diferencia que abre el deseo. La diferencia es necesaria y, como dirá Irigaray, tradicionalmente esa diferencia no ha existido, es ficticia, lo que existe es una reducción de una de las partes a los términos de la otra.

 

img_20170122_233257
Dos encarcelados en celdas vecinas que se comunican dando golpes en la pared. La pared es lo que los separa, pero también lo que les permite comunicarse. Igual que nosotros y Dios. Toda separación es un vínculo.       Simone Weil

Irigaray: la diferencia que posibilita el estar juntos

Luce Irigaray no habla de lo femenino y lo masculino porque para ella tal distinción es parte del viejo principio de simetría donde se define lo femenino en oposición a lo masculino. Argumenta, que si no hay diferencia verdadera sino una reducción de la mujer a los términos del hombre entonces nos encontramos con una relación narcisista de lo mismo (el hombre), con lo mismo (lo que él define). Para que pueda dar cabida a la diferencia, lo sexual tiene que entenderse más allá de lo genital y más allá de la reproducción.

En este camino, Irigaray cuestiona la filosofía occidental explorando la importancia de la relación romántica y la del amor en tanto relación ética esencial. Volviendo a la crítica del amor libre, cuestiona el hedonismo egoísta que anula la diferencia y donde el otro desaparece. Se trata para ella no tanto de satisfacer una necesidad, sino de cultivar el deseo. Pero tampoco se trata de culminar la relación en matrimonio y familia -patriarcal-, aclara. En el matrimonio se deja de cuestionar el amor y el deseo, se separa al cuerpo del alma y se reconoce al primero como el único capaz de deseo, aparece entonces la infidelidad como fantasía última de las parejas de casados. De este modo, para Irigaray tanto en el matrimonio como en el llamado amor libre, la relación con el otro sigue estando intocada.

Lo que propone esta filósofa francesa se trata esencialmente de una crítica al nihilismo, del ‘todo vale’ en nombre de la libertad que instrumentaliza al otro. La posibilidad de relación está dada de este modo por fuera de un orden absoluto (por fuera de una ley o contrato), en el mantenimiento constante del espacio que nos separa y hace posible la relación, la emergencia del otro, su despliegue. El amor es el cuidado de esa diferencia y rechaza ser reducido tanto al orden familiar como al estatal. Del mismo modo cuestiona la relación con la naturaleza, el mantenimiento de la diferencia no busca dominarla.

Irigaray apela a la relación de ‘al menos dos’ donde defiende el intervalo que permite la relación y que muchas veces es aniquilado en una falsa unión (llámese matrimonio, pero también más allá, por ejemplo en un partido político). Es fundamental para ella que el otro aparezca no en términos de propiedad, que aparezca no el individuo neutro y abstracto, sino el individuo que habla desde su diferencia. En términos políticos esto también es diferente de estar juntos sin ese espacio, de estar juntos dentro de una masa funcional a los estados totalitarios; es decir, no solamente no es deseable sino que es sumamente peligroso.

6a00d8341c2e6353ef019affd0dccd970c
Lo que hace tan difícil de soportar de la sociedad de masas no es el número de personas, o al menos no de manera fundamental, sino el hecho de que entre ellas el mundo ha perdido su poder para agruparlas, relacionarlas y separarlas.      Hannah Arendt

Antes de ir de lo individual a lo múltiple, dice Irigaray, hay que empezar por cuestionar la relación con otro individuo. La lógica tradicional (y por ende la filosofía tradicional) separa supervivencia de cultura (cultivo de la vida), separa también necesidad de deseo. Y cuando se sitúa la lucha al nivel de la necesidad y de la supervivencia (piensen en el clásico discurso de “primero hay que resolver las necesidades urgentes y después…”), se pierde de vista el horizonte de lucha por un nuevo ser humano, por una nueva relación social. El deseo entendido como potencia es para Irigaray lo fundamental de un ser humano, lo que le otorga dignidad y hace que mirar a otro sin tomar en cuenta su deseo sino sólo sus necesidades de supervivencia, termine por quitarle su dignidad. Esto no quiere decir que no haya necesidades, sino que no podemos ver sólo eso ni reducir un ser humano a sus necesidades. La cuestión es que al nivel de las necesidades no existe la posibilidad de compartir porque no hay diferencia. La necesidad iguala a todos, los anonimiza; el deseo en cambio tiene potencial revolucionario pues sostiene la diferencia y la vuelve generativa.

Lo que Seely y Cornell proponen se trata entonces de una reivindicación de la diferencia sexual por fuera de los parámetros hetero-normativos y falocéntricos, un dar fuerza al deseo en el sentido de entenderlo como fuerza creadora. En otras palabras, se trata de una apuesta por un cambio del hombre y la relación entre los hombres, la pregunta más allá de un futuro blanco y negro, donde las necesidades económicas son el único frente de lucha, un dar eco a las preguntas incómodas como las de Pedro Lemebel, no sólo para reivindicar la diferencia sino para pensar desde ahí relaciones humanas diferentes.

La importancia de resaltar la diferencia es al mismo tiempo la importancia de denunciar un orden excluyente de las diferencias así como la unidad sin diferencia de las masas dentro de un orden totalitario. Se trata de reclamar la política como un espacio donde buscamos dar forma al mundo de manera colectiva, empezando por las relaciones más básicas. Ciertamente no es una respuesta final a todos los problemas del mundo o un eje programático, no apunta a serlo, se trata de una ética que exige más del mundo y de nuestras relaciones, una ética que rescata la política como un espacio para la imaginación, la creación y el pensamiento.

“Lo privado también es político” y la apuesta por una ética de la diferencia

Hay algo sobre la forma de estar juntos en el mundo, entre humanos y con la naturaleza, que alimenta indudablemente las crisis en el mundo, tanto económicas, como ecológicas y humanitarias; el feminismo como aquí ha sido presentado no sólo reinvindica cuestiones de reparto igualitario o inclusión, sino que trata de pensar una nueva forma de estar juntos en el mundo, defiende la idea de que ‘lo privado también es político’ y llama a reclamar desde ahí nuestra dignidad y la de los otros. Lo que Cornell y Seely quieren rescatar del legado de las luchas feministas va más allá de las reinvidicaciones por  salarios equitativos y puestos de poder. Reinvindicaciones sin lugar a dudas válidas, sí, pero a las cuales no puede reducirse la política. La política no puede ser reducida a nuestra relación con el Estado en la que la izquierda ha volcado todos sus deseos de un mundo mejor. Hay que entender que no podemos seguir reproduciendo el mismo modelo de civilización en el que la forma de estar juntos es destructiva (y aún así, reivindicada y defendida en estructras como la familia, donde las relaciones pueden ser abusivas pero imposibles de cuestionar). La forma de estar juntos en el mundo debe ser un frente de lucha política inclaudicable, la imaginación de otro mundo tiene que pasar por pensar formas distintas de relacionarnos, que dejen de transitar los caminos que nos conducen a lo mismo.

La tarea –filosófica/científica/política- de definir una diferencia es distinta a la de definir una unidad o una esencia (en este sentido Irigaray critica también al marxismo en su intento de una explicación última). La tarea de definir una diferencia tiene que lidiar con la complejidad que representan la incertidumbre y el riesgo de un orden que no se fundamenta en una esencia ni en una verdad absoluta. El feminismo visto así cuestiona nuestras formas de conocer y de estar en el mundo. La pregunta ética que introduce  en sus diferentes corrientes es necesaria para poder efectuar un cambio profundo que estimule nuestra responsabilidad con generaciones pasadas y luchas presentes, es necesaria en la búsqueda de una ciencia o conocimientos más complejos, y en última instancia, para rescatar el espíritu de la revolución, no sólo a nivel de las reivindicaciones de igualdad de derechos frente al Estado sino de un cambio en las relaciones humanas fundamentales.

Invitación

El feminismo por supuesto se extiende por varias corrientes y debates diversos, los autores aquí tratados discuten una parte importante del planteamiento ético que sirve para entender parte de la contribución del feminismo al debate filosófico y político. De todos modos, estamos pensando en crear una lista de correos electrónicos para compartir fuentes y recursos sobre feminismo, si les interesa ser parte pueden escribirnos a nuestro correo o también directamente a mí.

 

 

 

(1) Hay un artículo muy bueno (aunque lamentablemente está solo en inglés) que cuenta la historia de un grupo de mujeres en Estados Unidos, en los 70s, que decidieron experimentar una nueva forma de convivencia y de estar en el mundo que desafiaba los preceptos convencionales de la familia en esa época, se llamaban The Furies Collective. Lo que resalta el artículo es la radicalidad de ese tipo de activismo frente a las demandas de reconocimiento y equidad solamente. Similar de algún modo a la idea de Seely y Cornell sobre la importancia de pensar la división sexual para imaginar un ser humano diferente y no sólo en términos de reclamo de acceso a los recursos disponibles. Aquí el artículo.


Si te gustaría formar parte de la revista, seguirnos o contactar a Revista Hasta la Vuelta puedes encontrarnos a través de nuestras redes sociales:

Twitter:  @r_hastalavuelta

Facebook:  @hastalavuelta

Envíanos un correo a:   revista.hasta.la.vuelta@gmail.com

Anuncios